¿Por qué no tenemos tanto pelo como otros mamíferos?

Si según las teorías de la evolución nuestros antepasados eran simios, ¿por qué no tenemos tanto pelo como ellos? ¿Por qué los animales no necesitan ropa y nosotros sí? ¿Tenemos vellos en todo nuestro cuerpo? 

Para empezar, invita a tu curioso a autoobservarse. Empecemos por su rostro. Que detalle su frente, sus ojos, sus mejillas, orejas y labios. Casi la totalidad de nuestro cuerpo está cubierta de unos pelitos muy cortos y suaves llamados vellos. Pero quizás en esta parte de su cuerpo pueda observar mucho cabello en la coronilla, en las cejas y pestañas. En las mejillas y orejas apreciará una vellosidad muy fina y suave. Pero en los labios, ¿los ve?. Pues no. Porque tenemos vellos en todo el cuerpo excepto en los labios, las palmas de las manos y los pies y en los pezones. 

Ahora bien, ¿qué ha pasado que apenas se nos ve pelo en el cuerpo, en comparación con otros mamíferos? Las explicaciones no son concluyentes, pero podríamos plantearnos con los niños algunas preguntas prácticas. ¿Qué pasaría si tuviéramos vellos en las palmas de las manos? ¿Cómo podríamos nadar si todo nuestro cuerpo estuviera cubierto de largos cabellos? ¿qué tal si la falta de abundante pelo en todo el cuerpo nos protegiera de algunos parásitos, como pulgas y piojos? 

A través de estas preguntas lo vamos acercando a la importancia de la evolución y la adaptación a nuestro entorno, como principio de los cambios que hemos experimentado como especie. Además, somos muy capaces de fabricar vestimenta y viviendas que nos protejan del frío y el calor, así que podríamos concluir con nuestro curioso cómo también nuestra inteligencia nos ha ayudado a estar a la altura de lo que necesitamos para adaptarnos lo mejor posible. 

Invítalo a mirarse, a no guardarse las preguntas, y admirarse con algo tan cotidiano y, a la vez, tan especial: su propio cuerpo.