Aprendiendo sin rigidez: ¿el agua de los glaciares es dulce o salada?
Hace unos días nuestra curiosa mayor nos preguntó si el agua de los glaciares era dulce o salada. Esta información específica no aparecía en el material que estaba estudiando en clase, así que la ayudamos a hacer una inferencia, con los datos que sabía.
Esto nos dio pie para analizar la importancia de evitar la rigidez en el aprendizaje de nuestros curiosos. Más allá de que hay información precisa, exacta, que deben dominar y retener de memoria, se hace relevante que logren, de alguna manera, jugar con los datos que poseen, identificarlos, relacionarlos en su mente para que logren hacer suposiciones y extrapolar sus conocimientos para sacar conclusiones, que, aunque no siempre válidas, les permitan descartar información y acercarse a la respuesta.
En el caso de los glaciares, por ejemplo, ocurrió que recientemente habíamos hecho un viaje al sur de Chile, donde avistamos decenas de glaciares, increíbles, de los que investigamos que contenían un porcentaje altísimo del agua pura del planeta. Ahí identificó una primera premisa: los glaciares contienen agua pura, se entiende, dulce. Después, le preguntamos, ¿cómo crees que llegó el agua de los glaciares a lo alto de las montañas? La respuesta surgió enseguida: gracias a las lluvias. Si bien intervienen también otros factores, para un niño este análisis es sencillo y le permite agregar otro punto a su inferencia. Finalmente, le propusimos hacer un experimento: congelar agua salada. Si tienen oportunidad de conseguirla, se darán cuenta que el agua de mar no se congela como el agua no salada. Esto ocurre por la presencia del cloruro de sodio, que exige una temperatura de congelación mayor (-4º, mientras que el agua dulce se congela a 0º ). Así que con este hallazgo pudo concluir que los glaciares están formados por agua dulce.
¿Y qué me dices de los icebergs? Si los icebergs se producen por un desprendimiento de los glaciares, entonces… ¡Infiere!
