Las palabras homónimas pueden ser muy divertidas

¿Qué ves en la imagen? Una llama, una llama y una mujer que llama. Como puedes ver, el vocablo «llama» tiene tres aceopciones distintas. Se les llama homónimas.

Las palabras homónimas son aquellas que se escriben exactamente igual, pero su significado es diferente. Otro ejemplo cásico es la palabra “banco”, la entidad donde guardamos el dinero y “banco”, un mueble para sentarse.

Introducir este concepto en los niños les puede resultar muy estimulante, pues los hace darse cuenta de la cantidad de palabras en su vocabulario cotidiano que tienen la cualidad de homónimas.

Al hablar con ellos, podríamos jugar a que nos genera confusión la palabra que nos acaban de decir. Por ejemplo, nos dicen “A la comida le falta sal” ¿Sal? ¿me estás pidiendo que me salga? (“sal” como condimento/ “Sal” de salir), o, por ejemplo: “Me siento cansado” “¡Pero si yo no me quiero sentar!” (Siento de sentir/ siento de sentarse). Estas aparentes incongruencias despiertan la atención del niño y aumentan su curiosidad ante las palabras que está pronunciando, y las que estará enunciando de ahí en adelante. ¡Te puedes sorprender con la cantidad de palabras que van a descubrir!

De igual forma, si reconoce una que suene igual, aunque se escribe diferente, es una buena oportunidad para reforzar la ortografía, en niños más grandes. Se trata de las palabras homófonas, por ejemplo:  Hola, y ola, cierra y sierra.

La Zanahoria Curiosa te guiñará un ojo cada vez que te percates de la cantidad de palabras homónimas que vayan descubriendo.